viernes, 22 de octubre de 2010

Tango Cambalache

El tango Cambalache es la canción más famosa que compuso el gran poeta Enrique Santos Discécpolo. Más allá que han pasado más de 70 años desde su creación, su letra sigue manteniendo una enrome vigencia, siendo un claro reflejo de la sociedad.

El antológico tango Cambalache lo escribió el extraordinario compositor Enrique Santos Discepolo, quien además le puso música a su obra en el año 1935.

Es una de las letras que han marcado la historia del tango del siglo XX, manteniendo una gran vigencia más allá que han pasado más de 70 años desde su creación.

La primera vez que se cantó el tango Cambalache fue en el año 1935, con la interpretación de la actriz y cantante Sofía Bozán en el Teatro Maipo de la ciudad de Buenos Aires.

Más allá que esta canción ha sido grabada por varios cantores de primer nivel, la versión más famosa de todos los tiempos sigue siendo en la voz inconfundible del “Varón del tango” Julio Sosa.

Enrique Santos Discepolo escribió este tango para la película “El alma del Bandoneón” que se estrenó en el año 1936 y protagonizó de un modo magistral Libertad Lamarque.

Luego del film, el tango Cambalache se hizo sumamente popular y con el paso de los años se fue convirtiendo en uno de los clásicos de la música argentina.

Fue censurado por primera vez durante la dictadura militar del año 1943, tal como sucediera también durante todas las dictaduras posteriores que acontecieron en la historia de Argentina.

La censura del tango Cambalache en 1943 levantó una gran polémica, siendo prohibido tras el análisis realizado por parte del Ministro de Educación de la época por considerarlo sedicioso y con una mala interpretación del lenguaje por el abuso del lunfardo.

Fue recién en el año 1949 que Juan Domingo Perón permitió nuevamente que se interpreten estos tangos tal como fueron escritos originariamente.

La letra del tango Cambalache

Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también;
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue

y en el mismo lodo
todos manoseaos.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro
generoso o estafador...
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.

¡Que falta de respeto,
qué atropello a la razón!
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón...
Mezclao con Stravisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto al calefón.

Siglo veinte, cambalache
problemático y febril...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás...!
¡Dale, que va...!
¡Que allá en el Horno
nos vamo´a encontrar...!
No pienses más; sentate a un lao,
que a nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley.

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